Tener una mente semejante a la de Cristo
‘Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.’
‘Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.’
‘Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable y misericordia, completad mi gozo, que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.
‘Y quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido han redundado más bien en provecho del evangelio.’
‘Mas si el vivir en la carne me es para fruto de la obra, no sé entonces qué escoger; porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.’
‘Porque sé que esto resultará en mi liberación, por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, conforme a mi anhelo y esperanza, que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será engrandecido Cristo en mi cuerpo, sea por vida o sea por muerte.’
‘Y quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido han redundado más bien en provecho del evangelio.’
‘Como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes de mi gracia.’
‘Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.’
‘Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo’.
‘Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.’
‘Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.’
La conversión a Dios es un fenómeno extraordinario que cambia a una persona completamente tanto espiritual como moralmente. Aquí vemos sus elementos y resaltamos las incalculables ganancias para la vida y la eternidad. Igualmente resaltamos las pérdidas y su distintivo engañoso y destructivo. Aquí se presenta la maravilla de encontrar a Cristo.