Amor de comunión (o amor fraternal)

1 Juan 3.10

El apóstol Juan describe cinco aspectos del amor en la iglesia, y al mismo tiempo muestra que cada uno es evidencia de una verdadera conversión. Aquí el amor, la ayuda a los demás creyentes y el mayor que mediante la oración es instrumento en las manos de Dios, son considerados baluartes de la seguridad de salvación.

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En las epístolas de Juan, Dios nos ha dado cartas llenas de afecto paternal hacia Su pueblo; cartas rebosantes de cuidado protector hacia los santos en su lucha común por la fe. Esta carta nos proporciona una instrucción doctrinal clara, pero nunca emocionalmente distante; es una carta llena del profundo amor que tenía Juan por el pueblo de Dios.

 Juan escribe como el último superviviente de los apóstoles, entre los años 90 y 95 d. C. y se presenta a sí mismo como Juan el anciano. Incluso referirse a 1 Juan como una carta, puede dar la impresión de que contiene detalles personales de Juan para con sus lectores, como otras epístolas del Nuevo Testamento. Pero esta carta no tiene saludo, no comunica ninguna noticia, no hace referencia a ningún individuo nombrado, no hace alusión a ningún lugar o evento, sino que simplemente contiene la verdad divina expuesta en forma lógica.

Ciertamente, el apóstol conoce a los lectores y él es conocido por ellos, por lo que podemos decir que esta carta se asemeja más a un tratado teológico. Sin embargo, esa descripción también sería engañosa, ya que Juan muestra en la carta el inmenso valor de los hijos de Dios, y expone una fuerte preocupación personal que va mucho más allá de cualquier escrito teológico formal.

A lo largo de toda la epístola, Juan se muestra amable y paternal con los creyentes, pero es implacable e inflexible en su oposición al error (sobre todo al gnosticismo, que negaba la humanidad de Cristo), y lucha contra él con resuelta firmeza sabiendo que las almas del pueblo de Dios están en juego.

De igual manera, el Apóstol escribe en un estilo más cercano al de su Señor que cualquier otro escritor de las Escrituras. La primera epístola tiene un carácter celestial, comienza abruptamente y trata temas sublimes y elevados desde el principio, sin ninguna introducción que permita al lector adaptarse. Es difícil dividir la carta en secciones claramente definidas. Algunos la han descrito como de estructura espiral, es decir, vuelve al mismo tema varias veces, subiendo más alto en cada giro. Juan introduce un tema y luego lo deja de nuevo para considerar algo más, antes de volver a él para poder desarrollarlo con más profundidad. Es característico de su estilo que se repita y añada más enseñanzas cada vez que vuelve a tratar el tema; el mismo enfoque se ve en el libro de Apocalipsis.

En la segunda epístola de Juan, el apóstol del amor se ve obligado a escribir sobre un tema muy negativo a una mujer piadosa. Sus palabras finales muestran por qué considera necesario advertir: porque en su fidelidad se siente obligado a proteger a la Iglesia de Cristo y a todos sus miembros para que continúen en el gozo inquebrantable que el Espíritu de Dios desea que tengamos.

En su tercera epístola, Juan tiene (notablemente) más de 90 años. Es el último apóstol que queda, el único que aún vive. Probablemente se encuentra en Éfeso, donde parece haber vivido sus últimos días; desde allí le escribe a Gayo, que pertenecía a una iglesia probablemente no muy lejos, a unas 50 millas aproximadamente.